Pregunta: “�Qu� dice la Biblia sobre el honor?”

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topreadz.com/Espanol Pregunta: “�Qu� dice la Biblia sobre el honor?” Respuesta: La palabra “honor” en la Biblia significa “estima, valor o gran respeto”. Honrar a alguien es valorarlo mucho o concederle valor. La Biblia nos exhorta a mostrar honor y estima hacia ciertas personas: nuestros padres, los ancianos y las personas con autoridad (Efesios 6:2; Lev�tico…

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Pregunta: “�Qu� dice la Biblia sobre el honor?”

Respuesta:
La palabra “honor” en la Biblia significa “estima, valor o gran respeto”. Honrar a alguien es valorarlo mucho o concederle valor. La Biblia nos exhorta a mostrar honor y estima hacia ciertas personas: nuestros padres, los ancianos y las personas con autoridad (Efesios 6:2; Lev�tico 19:32; Romanos 13:1). Sin embargo, debemos entender que toda la autoridad y el honor pertenecen s�lo a Dios (1 Cr�nicas 29:11; 1 Timoteo 1:17; Apocalipsis 5:13). Si bien �l puede delegar Su autoridad en otros, la misma le pertenece a �l (Efesios 4:11-12).

Pedro nos dice: “Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.” (1 Pedro 2:17). La idea de honrar a los dem�s, especialmente a los que tienen autoridad (el rey), parte del hecho de que representan la m�xima autoridad de Dios. Un ejemplo cl�sico es el siguiente mandato: “Som�tase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios” (Romanos 13:1-6). Por lo tanto, “quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenaci�n para s� mismos” (Romanos 13:2). Esto significa que a los cristianos nos corresponde honrar a quienes Dios ha puesto sobre nosotros mediante nuestra obediencia y el respeto. Hacer lo contrario es deshonrar a Dios.

La Biblia habla de otro grupo notable de personas que merecen “doble honor”, el liderazgo de la iglesia, llamado ancianos: “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y ense�ar” (1 Timoteo 5:17). En la iglesia del primer siglo, algunos ancianos se dedicaban a la palabra y a la doctrina dedicando su tiempo a la predicaci�n y a la ense�anza, mientras que otros lo hac�an en privado. Sin embargo, todos los ancianos se ocupaban de los intereses de la iglesia y del bienestar de sus miembros. Estos hombres ten�an derecho al doble honor del respeto y la consideraci�n por su posici�n, as� como al apoyo material o monetario. Esto era especialmente significativo porque el Nuevo Testamento no estaba disponible todav�a.

La Biblia tambi�n nos da la orden de honrarnos los unos a los otros en nuestras relaciones de empleador/empleado (1 Timoteo 3:17; 6:1; Efesios 6:5-9), as� como en la relaci�n matrimonial, con el marido y la mujer someti�ndose y honr�ndose mutuamente (Hebreos 13:4; Efesios 5:23-33). Curiosamente, de todos los mandatos de honrarse mutuamente, el m�s repetido es el de honrar al padre y a la madre (�xodo 20:12; Mateo 15:4). Este mandamiento era tan importante para Dios al punto de que si alguien maldec�a o golpeaba a su padre, deb�a ser condenado a muerte (�xodo 21:7).

La palabra amor tambi�n es a veces sin�nimo de honor. Pablo nos dice: “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiri�ndoos los unos a los otros” (Romanos 12:10). Sin embargo, honrar a los dem�s va en contra de nuestro instinto natural, es decir, de honrarnos y valorarnos a nosotros mismos. S�lo si estamos impregnados de humildad por el poder del Esp�ritu Santo, podemos estimar y honrar a nuestros semejantes m�s que a nosotros mismos (Romanos 12:3; Filipenses 2:3).

El libro de Proverbios ilustra la relaci�n entre el comportamiento de una persona y el honor correspondiente. Por ejemplo, “El que sigue la justicia y la misericordia hallar� la vida, la justicia y la honra” (Proverbios 21:21; ver tambi�n Proverbios 22:4; 29:23). Con frecuencia, el honor se confiere a quienes son sabios e inteligentes, gan�ndose as� la alabanza y la adoraci�n (1 Reyes 10:6-7). Otro tipo de honor corresponde a los que tienen gran riqueza o fama (Josu� 6:27). De la misma manera, tambi�n sabemos que tal honor, fama y riqueza del mundo, al final, no tiene sentido y es de corta duraci�n (Eclesiast�s 1:14; Santiago 4:14).

El honor, tal como se ense�a en las Escrituras, es muy diferente del honor que busca el mundo. El honor y los premios se acumulan en aquellos que tienen riqueza, influencia pol�tica, poder en el mundo y fama. Aquellos que prosperan con el honor y el prestigio ef�meros de este mundo no tienen en cuenta que “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (1 Pedro 5:5; ver tambi�n Proverbios 16:5; Isa�as 13:11). As� eran los fariseos de la �poca de Jes�s, quienes buscaban el honor y los elogios de los hombres. A decir verdad, Jes�s los rechaz�. Dijo: “Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres” (Mateo 23:5). No s�lo los calific� de hip�critas, sino de “serpientes” y “v�boras”, conden�ndolos pr�cticamente al infierno (Mateo 23:29-33).

Lo que hay que resaltar aqu� es que el mundo en el que vivimos est� contaminado (Deuteronomio 32:5; Filipenses 2:15) porque no da a Dios el honor que se merece. El que honra al mundo y a sus cosas se hace enemigo de Dios (Santiago 4:4). El ap�stol Pablo escribi�: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio coraz�n fue entenebrecido” (Romanos 1:21). La Biblia ense�a que la honra se encuentra en Dios y en Su Hijo y en que seamos como �l (Juan 15:8). Debemos rendirle adoraci�n a trav�s de los frutos de nuestras labores (Proverbios 3:9; 1 Corintios 10:31), as� como a trav�s del cuidado y mantenimiento de nuestros cuerpos (1 Corintios 6:19). Considerar a Dios como lo primero en nuestras vidas (Mateo 22:37-38) se expresa as� tanto en el compromiso total de nuestras vidas como en la devoci�n de nuestras posesiones a Su servicio y gloria (Colosenses 3:17). Aunque estamos en este mundo, no somos de este mundo (Juan 15:18-21). Esto significa que, cuando honramos a Dios con nuestro car�cter piadoso, cosecharemos la deshonra por parte de los del mundo. De hecho, la Biblia nos ense�a que: “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jes�s padecer�n persecuci�n” (2 Timoteo 3:12).

Al fin y al cabo, lo que s� sabemos es que, as� como los cielos y todo lo que hay en ellos elevan sus voces en honor y alabanza a Dios, nosotros debemos hacer lo mismo: “Se�or, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque t� creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas (Apocalipsis 4:11). Nunca ha habido, ni habr�, nadie en ninguna posici�n de poder o influencia del mundo que pueda atribuirse tal honor (1 Timoteo 6:16). S�lo Dios es el Creador y sustentador de todos los cielos y la tierra (Apocalipsis 14:7).

Todos los verdaderos creyentes deben honrar a Dios y a Su Hijo, Jesucristo, al reconocer y confesar que �l es el �nico Dios (�xodo 20:3; Juan 14:6; Romanos 10:9). Debemos honrar a Dios al reconocer que el don de la vida eterna y la salvaci�n misma de nuestras almas vienen a trav�s de Jesucristo y s�lo de �l (Juan 11:25; Hechos 4:12; 1 Timoteo 2:5). Conscientes de ello, rendimos honor y reverencia a nuestro Salvador por medio de nuestra humilde adoraci�n y obediencia a Su voluntad (Juan 14:23-24; 1 Juan 2:6). As�, �l nos honrar� cuando nos siente en Su trono en el cielo (Apocalipsis 3:21).

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